Tras un periodo en Costa de Marfil como misionera, la religiosa fue invitada a animar la celebración eucarística en una cárcel italiana. Desde entonces, nunca ha abandonado a los reclusos. "Todo está pensado", dice, "para que los presos no pierdan su dignidad". La hermana Livia les ofrece escucha, apoyo material, la posibilidad de hacer pequeñas artesanías para vender, momentos de oración, y no faltan las peticiones de estudiar el catecismo para recibir el Bautismo