Desde Karaganda, donde dirige la comunidad con creatividad y cercanía a los más débiles, el prelado habla de los desafíos de la minoría católica que espera al pontífice. Recuerda la visita de Juan Pablo II al país en 2001, el ejemplo de tantos cristianos perseguidos por el régimen soviético, y su decepción por la ausencia del Patriarca Kirill en el Congreso de Líderes Mundiales y Religiones Tradicionales. "La guerra es lo más horrendo, y más aún entre los pueblos cristianos".