Cardenal Pizzaballa, una de las pocas figuras morales capaz de ser escuchado por judíos y palestinos
Llamamiento a Hamás para entregarse como rehén Los cristianos, víctimas de fuego cruzado Un patriarca diferente Evitar soluciones simples Voz moral clave  ¿Qué será de los cristianos en Tierra Santa, víctimas del fuego cruzado en la guerra entre Israel y Hamas? Esta es la pregunta que surge espontáneamente a medida que el camino de la […]

Llamamiento a Hamás para entregarse como rehén

Los cristianos, víctimas de fuego cruzado

Un patriarca diferente

Evitar soluciones simples

Voz moral clave 

¿Qué será de los cristianos en Tierra Santa, víctimas del fuego cruzado en la guerra entre Israel y Hamas? Esta es la pregunta que surge espontáneamente a medida que el camino de la Cuaresma nos acerca al Viernes Santo, día dedicado por antonomasia a recordar y ayudar a los cristianos que viven en la cuna de Jesús.

Hoy no es posible responder a esta pregunta sin hablar del hombre que se ha convertido en líder y voz de los cristianos en Israel y los territorios palestinos. Estamos hablando del patriarca latino de Jerusalén, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, de 59 años, actualmente el líder cristiano más escuchado en la región.

Llamamiento a Hamás para entregarse como rehén

Cuando se desencadenó el salvaje ataque de Hamas contra ciudadanos israelíes que provocó unos 1.200 muertos y 250 secuestrados, entre el 7 y el 9 de octubre de 2023, una semana antes se había convertido en el primer patriarca latino de Jerusalén en ser nombrado cardenal en la historia moderna.

Pocos días después, el 16 de octubre, dirigiéndose a Hamás, el purpurado, de origen italiano, se ofreció para entregarse a cambio de la liberación de los niños que había secuestrado el Movimiento de Resistencia Islámica. Al mismo tiempo confesó su temor de que se desencadenara la crisis humanitaria más grave de los últimos tiempos.

Por desgracia, sus previsiones fueron proféticas: según últimos datos del Ministerio de Salud de Gaza y de las autoridades israelíes han muerto 63.500 personas en la guerra desencadenada por aquel ataque; más de 110 mil han resultado heridas, y 1.9 millones de han sido desplazadas dentro de la Franja de Gaza, lo que representa casi el 90% de su población.

Los cristianos, víctimas de fuego cruzado

Los cristianos se han convertido en víctimas impotentes de este conflicto. En Gaza, ya sólo quedan unos seiscientos. Sobreviven en buena parte gracias al refugio y ayuda que han podido encontrar en la parroquia de la Sagrada Familia, cuyo párroco es el sacerdote argentino de 55 años Gabriel Romanelli. El 19 de octubre de 2023, la Fuerza Aérea Israelí bombardeó la iglesia ortodoxa de San Porfirio, donde se refugiaban cientos de personas, provocando la muerte de al menos 16 individuos.

Para el resto de los cristianos que viven en el actual Estado de Israel la situación también es sumamente difícil. Según datos de la Oficina Central de Estadísticas de Israel, en 2024 residían aproximadamente 187.900 cristianos en el país, lo que constituye alrededor del 1.9% de la población total. En el año 1922, cuando comenzó el Mandato Británico, eran el 10% de la población. Belén, por ejemplo, en 1922 contaba con un 84% de cristianos; hoy no cuenta más del 30%.

Los cristianos, de hecho, viven en buena parte de la acogida de los peregrinos. Ahora bien, con el desencadenarse de la guerra y la suspensión de viajes turísticos su actividad económica ha quedado paralizada. Una vez más en su historia el éxodo parece ser el único camino de supervivencia.

Cardenal Pierbattista Pizzaballa junto a Fr. Francesco Patton Custodio de Tierra Santa. Christian Media Center.

Un patriarca diferente

Desde el inicio de la guerra, el patriarca Pizzaballa, religioso de la Orden fundada por San Francisco de Asís, que ha sido custodio de Tierra Santa durante doce años (de 2004 a 2016), ha buscado con todos los medios acabar con el conflicto entre israelíes y palestinos, instando a los líderes políticos a buscar soluciones negociadas.

Constantemente ha denunciado las atrocidades cometidas por ambos lados y ha expresado su preocupación por el impacto humano y emocional que la guerra ha tenido sobre la población civil. Ha denunciado tanto la “atrocidad” de Hamás como la respuesta militar israelí, considerándola como “desproporcionada” y devastadora para los palestinos.

Cuando el Papa Francisco encomendó a Pizzaballa la dirección del Patriarcado latino de Jerusalén, cuya jurisdicción abarca Israel, los Territorios Palestinos, Jordania y Chipre, en 2016, tomó una decisión sin precedentes. El fraile franciscano, cuyo primer idioma en Tierra Santa es el hebreo, se había destacado por su labor pastoral al servicio de los cristianos de Israel de cultura judía. Sus predecesores procedían de la comunidad árabe o de la atención pastoral a los cristianos de lengua y cultura árabe.

Esta experiencia ha permitido a Pizzaballa no sólo buscar la imparcialidad, sino también ser escuchado por israelíes y palestinos como una voz moral sumamente pragmática.

Evitar soluciones simples

Por una parte, ha evitado asumir posiciones políticas simples, como la propuesta de basar las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos en el reconocimiento de dos estados, por considerar que no es realista en el corto plazo dada la complejidad actual del conflicto.

Del mismo modo, se ha convertido en la voz de la razón en medio de la locura desencadenada por la violencia, subrayando que, si bien un día será posible acabar con esta guerra, hay que tener en cuenta que “el odio persistirá y será uno de los mayores obstáculos a superar”.

Voz moral clave 

En general, Pizzaballa ha actuado como una voz moral clave durante el conflicto, abogando por la protección de las víctimas inocentes y recordando a la comunidad internacional su responsabilidad de trabajar hacia una paz duradera.

En 2016, el Papa Francisco llamó a Pizzaballa para encomendarle de manera provisional la dirección del patriarcado de Jerusalén como respuesta al enorme problema económico que afligía al patriarcado de unos cien millones de euros.

Tras afrontar aquel desafío, el mismo pontífice le nombraría oficialmente patriarca, cuatro años después. Con ese gesto, no sólo había abordado un problemón económico; al mismo tiempo estaba permitiendo que pudiera escucharse la voz de la razón en Tierra Santa. De paso, ha surgido uno de los referentes espirituales del cristianismo mundial.

 

 

 

 

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